El libro de mayo



A Brief History of Time
es un libro al que tenía manía, casi tanta como a Stephen Hawking, desde que era casi un crío. Recuerdo una charla con mi padre en la que me decía que Hawking estaba sobrevalorado, que era un producto de los medios de comunicación, que no estaba a la altura de otros físicos como Hoyle o Penrose y que de cualquier forma su tesis central estaba equivocada. Por lo que recuerdo que me contaba, el error de Hawking consistía en aplicar el principio de indeterminación del Heisemberg al momento inicial del universo, lo cual carecía de sentido ya que si el espacio entero era un punto de dimensión cero, el momento y la posición del universo entero tenían que ser perfectamente determinables con exactitud infinita ya que no había otro sitio en el que pudieran poder estar que en ese punto de dimensión cero. Décadas después, tras haber leído finalmente el libro y saber qué dicen exactamente tanto Hawking como Heisemberg, tengo que decir que o yo no entendí a mi padre o mi padre no entendió a Hawking porque no dice nada parecido.

El libro, que me ha gustado muchísimo (aunque menos que La Nueva Mente del Emperador de su colega y amigo Roger Penrose, a quien menciona no menos de veinte veces) es mucho más de divulgación de lo que yo me esperaba. Oh, sí, divulgación seria, desde luego, pero no muy diferente de Los Tres Primeros Minutos del Universo, por ejemplo. Es un viaje breve por la historia de la ciencia, enfocándose en la física, la astrofísica y finalmente la física cuántica, en busca de una teoría de la gran unificación. Está francamente bien escrito, es una lectura amena (mi madre me tiraría algo a la cabeza si leyera esto), con ejemplos muy buen puestos y el nivel justo de erudición (por ejemplo, cuando habla de la gemetría de Minkowski ni siquiera menciona al pobre Hermann). La explicación que da de la relatividad (de las dos) es muy, muy buena, y la de la física cuántica, si bien no está a la altura de otras más eruditas que he estudiado, tiene ejemplos muy buenos para que se te quede en la cabeza qué son y para que sirven cosas como el spin o los colores de un quark.

Las páginas en las que habla (finalmente) del tiempo y su naturaleza son muy buenas. Abren la mente a reflexiones sobre la naturaleza del espaciotiempo que a mi me resultaron fascinantes. Recuerdo que esa parte del libro la leí en el metro y que, sin pasar de página, perdido en mis pensamientos sobre la relación entre la flecha del tiempo, la entropía y el crecimiento del universo, me di cuenta de que me había pasado de estación y tuve que cambiar de metro… ¡hasta tres veces! Sin quitarle mérito a Martin, esas cosas no me pasan con A Song of Ice and Fire, por ejemplo. También lo son las páginas sobre las singularidades cuánticas y la búsqueda de la Teoría del Todo, si bien es entrañable leer un libro escrito cuando la teoría de cuerdas era algo cuyo nombre no pasaba de las universidades y la gravedad cuántica ni siquiera había abandonado la mesa de investigación.

Podría pasarme horas hablando de este libro y de las cosas que cuenta (aunque no todas las haya leído ahí) porque es un tema que cada día me fascina más, pero me voy a limitar a recomendaros que, si tenéis un espíritu suficientemente inquieto, la suficiente capacidad de atención, y sobre todo de imaginación, lo leáis directamente. Es una muy buena puerta de entrada para pasar de ahí a cosas más serias y, entre nosotros, un rato más fácil de leer que, por ejemplo, GEB-EBG. Así que sus, y a ello. No os arrepentiréis. Ah, y queda uno como todo un intelectual leyendo estas cosas en el Metro, estoy descubriendo. En la oficina te miran de otra manera y te preguntan "Pero ¿tú no eras abogado?" y cosas así.

Beneficios colaterales, qué queréis que os diga.

A vueltas con lo de la Libertad.

Pregunta por Facebook el amigo Sir Accolon a aquellos que negamos “de alguna manera” la existencia de la libertad si, partiendo de la base de la existencia de condicionamientos que impiden realmente la existencia de la libre elección de nuestros actos, se puede hablar de realmente de responsabilidad personal, de ley y de derecho, si alguien que no sea completamente libre de sus elecciones y por lo tanto completamente responsable de sus acciones puede ser realmente responsable de las mismas.

Y la pregunta, que tiene enjundia, merece su respuesta.

En primer lugar, que quede claro que yo no hablo de meros condicionamientos. Si simplemente estuviéramos condicionados la respuesta es “sí, hay responsabilidad personal”. El condicionamiento lo que hace es que seas tendente a hacer algo, que algo te guste más que otra cosa, pero no predetermina tu conducta. Uno puede estar condicionado al odio racial o religioso, por ejemplo, pero la decisión de efectivamente convertir ese deseo en un acto sigue siendo libre por lo que uno es responsable. El condicionamiento puede hacernos la vida más fácil o más difícil (en función de hacia qué estemos condicionados) pero seguimos siendo responsables últimos de nuestras decisiones.

Otra cosa es la predeterminación de la conducta. En el momento en el que la conducta está predeterminada la libertad desaparece: cuando solo hay una opción, no hay libertad. Para ciertas concepciones del derecho y la moral cuando no hay libertad no hay acto humano, y cuando no hay acto humano no hay responsabilidad. Una piedra no es responsable de caer siguiendo las leyes físicas, por ejemplo, no puede evitarlo. Y del mismo modo para esa concepción absolutista de la libertad, si el libre albedrío contracausal no existe, en otras palabras, si no somos mal que una complicadísimo sistema electroquímico predeterminado y cuyas salidas son “predecibles en principio” si tuviéramos suficiente información respecto a las entradas, los mecanismos internos, el ambiente, etc… Si eso fuera así no seríamos más libres que la piedra, luego no seríamos más responsables que ella. Sin libre albedrío contracausal, es decir, sin un “observador” detrás de nuestros ojos que toma decisiones de forma absolutamente libre y sin estar predeterminado por la realidad física (en otras palabras, sin un agente libre y sobrenatural no sujeto a las leyes físicas) la libertad no existe y, sin libertad, la responsabilidad no existe.

Esa no es mi opinión, no obstante. La libertad existe incluso sin libre albedrío contracausal. Hay un fenómeno observable al que damos el nombre de libertad y que genera una serie de derechos y obligaciones. Históricamente hemos creído que la libertad tenía unas características (p.ej. que era absoluta, que era una manifestación del libre albedrío) pero el hecho de que la ciencia nos diga que es capaz de explicar el fenómeno de la libertad sin la intervención de un ser sobrenatural ajeno a las presiones de la realidad no quiere decir que la libertad no exista. Quiere decir que no existe como nosotros creíamos que era, no que no exista. Al igual que la relatividad supuso una revolución respecto a nuestra forma de entender algo tan obvio como el espacio y la flecha del tiempo, a pesar de que destronara a Euclides, eso no quiere decir que no existan el espacio ni el tiempo, simplemente que existen de otra forma a como pensamos que lo hacían: Al igual que el hecho de que el tiempo no sea absoluto sino relativo al marco inercial no quiere decir que el tiempo no existe; al igual que el hecho de que la masa curve el espacio sobre si mismo no quiere decir que el espacio no existe, el hecho de que la libertad no sea absolutamente como pensábamos que era no quiere decir que no existe. Quiere decir que estábamos equivocados y que hemos construido un castillo filosófico-moral sobre proverbial arena.

Una concepción simplista del universo y de la realidad puede sostener que para que aparezca la responsabilidad tiene que existir libertad, y que esa libertad tiene que ser la expresión de la voluntad no predeterminada (ni aleatoria) del agente. Una concepción más compleja del universo relativiza esas exigencias, por ejemplo diciendo que la libertad no tiene por qué ser absoluta para generar obligaciones, o bien que, si bien es cierto que la Libertad tiene que ser Absoluta para generar Obligaciones, hay otra cosa que no son Obligaciones pero que se le parecen mucho que pueden ser generadas por otra cosa a la que llamamos cachivache y que a primera vista se parece mucho a la Libertad, sin ser lo mismo. Lo cual, en términos de ética, política, filosofía y legislación da unos resultados a todas luces indistinguibles de los que dan los conceptos con mayúsculas.

Puede que no exista el libre albedrío contracausal y puede que, por tanto, no exista la Libertad. Pero es que yo no necesito ningún unicornio rosa invisible para ser libre, o al menos para ser tan libre como es, en el mundo real, posible. Lo demás son cuentos de hadas y, como tal, no me interesan.

Y ahí queda la respuesta, amigo mío. Un abrazo,

A.

Los libros de marzo



The Warlord of Mars es el tercer libro de la saga de John Carter, continuación casi inevitable de The Gods of Mars. En él volvemos a encontrar a nuestros viejos amigos y enemigos: Tars Tarkas, Matai Shang, Thurid de los Primeros Nacidos... y averiguamos el destino de Tardos Mors y Mors Kajak, padre y hermano de Dejah Thoris y que llevaban desaparecidos desde el principio del libro anterior. Más romance, espada, coraje y caballerosidad, con la introducción de Thuvan Dinh, el padre de Thuvia (y que luego será el mejor amigo de John Carter en Barsoom, incluso por encima de Tars Tarkas). Una novela de aventuras sin mayores complicaciones, teóricamente la más floja de la saga..

Los libros de noviembre



The Name of the Wind
es relectura. Ya comenté en su momento lo que opinaba, pero quería leérmelo en inglés después de The Wise Man’s Fear. Es bastante mejor en inglés, hay muchísimos juegos de palabras y connotaciones que se te escapan cuando lo lees en castellano, como siempre lo recomiendo. Y recomiendo a quienes se lean El Temor de un Hombre Sabio que luego relean El Nombre del Viento. Te das cuenta de muchos detalles que probablemente se te pasaran en la primera lectura, como cual es el temor de un hombre sabio (pista: lo dice cuando le pillan con una vela en la biblioteca), ciertos detalles sobre los Chandrian sobre los Lackless (pista: la canción que canta cuando es niño y no se da cuenta de de qué va hasta que le pilla su madre) y algún otro más que no voy a contar aquí. Gana con la relectura, que recomiendo, y como ya he dicho es bastante mejor en inglés aunque la traducción sea buena.

Snuff es el último Terry Pratchett y, quitando el final, me ha parecido decepcionante. No es que sea malo, vamos, pero Pratchett me tiene acostumbrado a un cierto nivel y este libro es… bueno, pesado y ñoño. Llamadme cruel, pero Pratchett está cayendo últimamente en una espiral de ñoñería que, aunque pueda ser comprensible, lo siento pero no me convence. Entre Snuff, el medio polvo de Unseen Academicals y los libros de Tiffany Aching (que están escritos para un público joven adulto y por tanto (i) a mi se me quedan pequeños y (ii) versan sobre temas que ya se han tratado, muchas veces de forma más incisiva, en otros libros), encuentro que tengo que remontarme a Making Money para encontrar un libro verdaderamente bueno, de los de quitarse el sombrero, que era lo habitual con los libros de Sir Terry. Y éste Snuff en concreto…

El título está muy bien. Snuff es, en inglés, a la vez un asesinato irrazonable y aleatorio (de ahí los snuff movies) pero también quiere decir "rapé". Y tenemos de las dos cosas en este libro, que trata de forma bastante obvia del clasismo (y de la lucha personal de Vimes contra los privilegios) y del racismo y la esclavitud pero que yo creo que trata, entre líneas y sin decirlo claramente, de especismo. En este libro tenemos a Sam Vimes que se va de vacaciones, seis años después de Thud! (extrapolando por la edad del joven Sam) y obligado por Lady Sybill, a sus posesiones del campo. Pero algo, que al principio parecía que iba a ser un "Sam Vimes visits Downton Abbey" (lo que da para hacer un libro, no me lo negaréis), acaba convirtiéndose en un aborto de novela negra con una trama B protagonizada por Fred Colon y Nobby Nobbs que sobra por completo*.

Bueno, yo lo siento pero ese Sam Vimes no parece Sam Vimes. Parece que su encuentro con la Summoning Dark en Thud! ha acabado con el policía, el investigador, el que se estaba convirtiendo en mi personaje favorito del Mundodisco, y ha dejado en su lugar a… no sé, a una especie de contemplador místico y amargado, demasiado poderoso, demasiado inteligente, demasiado humilde, demasiado todo. Aparte de esto, y quitando dos o tres momentos, el libro carece casi completamente de ese humor fino, irónico, sarcástico y británico al que nos tiene tan mal acostumbrados Pratchett, y muchos de los chistes (como el del BLT) son repetidos de otros libros o simplemente sosos. Entre la carencia de humor, el giro de Vimes, los diálogos pesados y artificiales, la trama lenta y viscosa… Lo siento, pero temo que este libro marca el inicio del declive de un genio y, quizá por eso, sea, para los amantes del mundodisco, imprescindible. Espero que el próximo libro, Raising Taxes, de Moist von Lipwig, me demuestre que estoy en un error.

Pero, en cuatro palabras: no parece un Pratchett. Y un dato curioso: no aparece la Muerte, algo que no ocurría desde Pequeños Hombres Libres.

Arthegarn_____________________________________
(*) Sobra totalmente desde el punto de vista narrativo. Si jugamos al juego de que Pratchett está perdiendo su capacidad de escribir, no obstante, y asumimos que lo que quiere es cerrar arcos argumentales y darle salida a sus personajes, en ese caso es muy comprensible. Pero hay que estar muy atento al Mundodisco y a la evolucíón en el mundo real de su creador para darse cuenta (y yo no las tengo todas conmigo)

Ya vale, ¿no?

Bien, el Partido Popular ha ganado las elecciones con mayoría absoluta. Y tiempo le ha faltado a mucha gente (algunos, amigos míos) para rasgarse las vestiduras y anunciar a los cuatro vientos la debacle que eso supone. Aun no ha podido Rajoy ni ver al Rey, y ya están los adivinos de siempre criticando lo que va a hacer.

Y, lo peor, es que lo critican, lo criticáis, en términos generales. "¡Privatizaciones a mansalva!", gritan unos "¡Recortes de derechos!" berrean otros. Una y otra vez, el tan consabido "¡Que viene la derecha!" de principios de los 90, y la derecha vino, y se fue, y yo lo siento pero opino que no lo hizo en absoluto tan mal. Y ni se privatizó la sanidad, ni la enseñanza, ni se bajaron las pensiones, ni cayó el cielo sobre nuestras cabezas, ni nada de lo que vaticinaban los profetas. Antes al contrario, diría yo.

Y estoy cansado de vuestros gritos, vuestros aspavientos, vuestras amenazas de exiliaros (¡sí, por Dios, idos de una vez a ver si dejo de oíros) y vuestros desmayos sobre el diván. Así que aquí os lanzo un desafío: dejad un comentario diciendo, concretamente, que es eso que creéis que Rajoy y el Gobierno del PP van a hacer y que es tan terrible como para justificar vuestras actitudes. E, insisto, concretamente, dadme un cargo del que un acusado se podría defender, algo concreto que, al final de la legislatura, podamos ver si efectivamente se ha cumplido. Por ejemplo: "Rajoy quitará a las parejas homosexuales el derecho de adopción", o "Rajoy bajará las pensiones", o "Rajoy privatizará la seguridad social". Os desafío. Os desafío a que me incluyáis aquí y ahora, medidas concretas que ya sabéis que Rajoy va a tomar y que tan apocalípticas son. Insisto en lo de concreción: nada de "Rajoy recortará los derechos de los trabajadores", no. ¿Qué derechos? ^¿De qué trabajadores? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cuándo?

Si verdaderamente tenéis una remota idea de política / economía, y verdaderamente teméis actos concretos del Gobierno del PP, os desafío a que los listéis aquí, y yo contestaré si creo que lo va a hacer o no, y al final de la legislatura veremos quien tenía razón. Lo que es más, en el caso de que haya alguna medida que yo crea que Rajoy verdaderamente vaya a tomar me ofrezco a intentar serenar vuestros ánimos explicando, con luz y taquígrafos, por que a mi me parece buena idea(1). No digo que lo consiga, pero por lo menos lo intentaré y probablemente todos salgamos ganando algo. Y si no tenéis ni idea, pues admitidlo y dejad de dar la tabarra, o al menos de dármela a mi, que sois más pesados que los testigos de Jehová y los mormones juntos. De verdad, usad el filtro de privacidad de vuestro Facebook o vuestro Google Plus para dejarme fuera de vuestros hiperbólicos planes de exilio, os lo suplico; no me interesan las quejas gratia protestansis y además de no interesarme me dan dolor de cabeza. Si algo os preocupa y es SMART (específico, medible, posible, realista y fechable), hablemos de ello tranquilamente; y si no dejad de meter miedo a los niños, por favor, que luego lloran.

Jolines, que pesados los de la izquierda cutre, boba y simplona de siempre. Aprended de Rosa Diez y Julio Anguita, o de mi herman Zalasa, o incluso de sir_accolon(2), "pesaos", que también hay gente de izquierda que sabe lo que dice y con quien es un placer poder debatir.

Hala, salud y tranquilidad. Que vale ya de tanta algarabía.

Arthegarn__________
(1) Si es que me parece buena idea, claro. Por ejemplo, aunque no crea que lo vaya a hacer, negar el derecho de las parejas homosexuales a la adopción conjunta me parece muy mala idea y admito que hay una posibilidad razonable de que lo haga. En este tema sí me parece legítimo preocuparse.
(2) Sobre todo en círculos reducidos, particularmente con un brandy y un puro, cuando no está lanzando soflamas al viento...

Dios no creó el infierno. Fui yo.

La gente nace, vive y muere y eso lo tengo asumido. Mis seres queridos vienen y se van, y también lo tengo asumido. Y, cuando se van, sé que no los volveré a ver, que no volverán a quererme ni a reir con mis alegrías ni a llorar con mis penas, y siento que estoy un poco más solo y eso me entristece. Pero no sufro particularmente por ellos, porque han desaparecido y, por tanto, están mucho, mucho más allá de sentir dolor, angustia o sufrimiento. Todo eso lo llevo bien.

Pero cuando tengo una misa funeral por alguno de estos seres queridos, cuando intento expresar mis sentimientos en un marco de referencia y con un lenguaje cristiano (porque eran cristianos), cuando pienso en una acción de gracias o escribo una oración pidiendo que “gocen de la gracia prometida por Jesús, que Dios les conceda la felicidad de la Vida Eterna y el conocimiento de lo importantes que fueron y de lo que les seguimos queriendo”… Entonces se me parte el alma que no tengo, porque ya no creo en ninguna de esas cosas, porque ya no hablo ese idioma aunque sepa decir las palabras. Y me siento vacío, estéril y sucio, como si intentara hacer el amor con el cadáver de mi amada. Y me enfado conmigo mismo, con el mundo y con Dios, por hacerme desenterrar de vez en cuando los despojos de aquello que me fue tan precioso, por obligarme a volver a mirarlo a los ojos y volver a fundir mi espíritu, que no tengo, con el suyo, para encontrar las palabras adecuadas.

Y luego estoy roto y miserable porque recuerdo, una vez más, todo lo que he perdido por subirme a esta torre de marfil intelectual en la que estoy, tan alto, lleno de razón y solitario. Y me odio porque sé que, aunque podría, aunque lo deseo desesperadamente, no voy a volver; no voy a dejar entrar en mi torre a esa hermosa figura que espera, vestida de blanco, toda sonrisas, abrazos, amor y perdón, a que le abra la puerta a la que llama suavemente, como pidiendo perdón por molestar, de vez en cuando.

Cuando era católico solía decir que el infierno es un estado del alma en el que esta se aleja completamente de Dios y que, como Dios es ubicuo, la única forma de ir al infierno era voluntariamente, dándole la espalda a Dios y rechazándole a sabiendas. ¡Cuánta razón tenía, sin saberlo! Cuánta razón...

Lobbies, sindicatos, demagogos y el interés público

Esta mañana, dándole un vistazo a los blogs que sigo, me he encontrado un artículo de Julio César Ortega titulado Leyes a Medida que, en vez de hablar del veto electoral, como yo pensaba en un primer momento, se mete con la propuesta de regulación en España de la actividad de los lobbies y que aprovecha, como siempre, para meter con calzador soflamas izquierdistas, sindicalistas, de lucha de clases y, ya que estamos, soltarle algún guantazo a la Iglesia, que pasaba por allí. Como siempre, simplificando y enfrentando: los trabajadores son “los buenos” y por tanto sus grupos de presión, los sindicatos, también son, por extensión, “de los buenos”; mientras que los empresarios son “los malos” y por tanto la patronal es, por definición “de los malos”. Os invito a que leáis el artículo porque lo que sigue está muy motivado por él.

En primer lugar, discuto que esa dicotomía entre los buenos y los malos de la relación laboral se ajuste a la realidad, y lo digo tanto como trabajador por cuenta ajena (que lo soy) como como empresario (que también lo soy). En ambos bandos hay de todo, como en botica. Yo conozco trabajadores que son buenos profesionales y se toman muy en serio su parte del contrato y realizan con excelencia su trabajo a cambio del salario pactado con sus empleadores; y “trabajadores” que no merecen ese nombre, sino como mucho, el de “empleados”, que hacen lo mínimo que pueden para no ser despedidos, buscan cualquier excusa para escaquearse otros cinco minutos del trabajo (una vez observé a una secretaria de refuerzo, es decir, de las que mandan en las grandes empresas cuando hay mucho trabajo, desaparecer para irse a fumar durante dos horas) y el trabajo que sacan lo sacan a regañadientes. E igual que en España hay mucho “empresaurio” que es mezquino y rastrero y ratea el pan y la sal a sus empleados (sobre todo en empresas muy pequeñas, que constituyen la inmensa mayoría), también es cierto que los grandes empresarios no tratan de la misma manera a sus trabajadores, ya que saben que están en un mercado de competencia en el que intentan atraer y quedarse a los mejores, lo que se consigue siendo flexible y confiando en ellos. Hay de todo. Pero una atmósfera en el que el empresario confía en su trabajador y cuando éste le dice que ha pasado una mala noche le contesta que se quede en casa esa mañana es imposible de conseguir cuando el trabajador (los trabajadores) trata por defecto al empresario (los empresarios) como un chupóptero que se queda con su plusvalía en un contexto de lucha de clases. Concebir a trabajadores y empresarios como enemigos irreconciliables y utilizar esa retórica enrarece la atmósfera perjudica muchísimo el cambio de mentalidad de ambas partes del contrato, de “este es un vago y tengo que exprimirle todo lo que pueda porque cada vez que vuelvo la espalda se me duerme” y “este es un pérfido explotador que ya saca demasiado de mi así que voy a hacer lo menos posible”, a una auténtica colaboración, cambio que en España necesitamos como la lluvia en abril. Así que lo siento, pero no, ni los trabajadores son “los buenos” ni los empresarios son “los malos”.

Tanto derecho tienen los trabajadores a defender sus intereses colectivamente a través de los sindicatos, como los empresarios a defender los suyos colectivamente a través de las asociaciones empresariales. A mi que nadie me venga a decir que los sindicatos “defienden el interés público” frente a los empresarios que “defienden intereses privados”. De eso, nada. Aquí todo el mundo está defendiendo su propio interés, lo que pasa es que los sindicatos se rodean de una retórica populista y trasnochada y se dedican a intentar hacer creer a la gente (dándose bastante maña en ello, todo sea dicho) que los intereses particulares y privados que defienden, de un grupo en concreto de ciudadanos (que en España, por cierto, son con mucha diferencia los de los trabajadores indefinidos), son “el interés público”. No, lo siento pero no lo son. Los trabajadores, los empleados, los asalariados, son un grupo de ciudadanos particulares con sus propios intereses, no la Nación, el Estado ni el Pueblo. Son una parte de ellos, pero nada más, y arrogarse la legitimidad de conceptos tan importantes como los antedichos para defender los intereses de quienes en realidad no son más que una parte es lo que siempre han hecho todos los dictadores (en particular, los dictadores populistas). Resulta que los empresarios también somos el Pueblo, así que decir que los sindicatos defienden el interés público es una falacia indecente de marca mayor.

Máxime si además consideramos que los sindicatos no defienden, ni siquiera, los intereses de todos los trabajadores (para ser exactos, no de la misma manera) y que, desde luego, no representan a la totalidad de los trabajadores. Yo, como trabajador por cuenta ajena, no estoy en absoluto de acuerdo con la inmensa mayor parte de las posturas de los sindicatos españoles. Yo abogo por una flexibilización interna en las empresas, por mayor movilidad, por endurecer drásticamente las condiciones de acceso al subsidio de desempleo (que es un subsidio, no un fondo de capitalización al que tienes derecho cuando te quedas en paro), por la existencia de un único contrato de trabajo con unas únicas condiciones respecto a las indemnizaciones por despido y, desde luego, por una reforma de arriba a abajo de la Ley de Procedimiento Laboral y de toda la Jurisdicción Social que acabe con principios como el in dubio pro operario y permita al empresario despedir a los vagos para contratar a los que no lo son/somos (por ejemplo). Así que, no, los intereses que defienden los sindicatos no son el interés público, son los intereses (legítimos) de un grupo de gente que piensa de una manera. Pero no son los del Pueblo.

Y lo mismo con lo del matrimonio homosexual y la Iglesia, que es un tema que mete el autor de rondón aunque no tenga nada que ver, probablemente porque siempre queda bien meterse un rato con los curas: más demagogia. Vamos a ver, las asociaciones a favor del matrimonio homosexual no defendían el interés público, defendían lo que a sus integrantes les parecía correcto, del mismo modo que la Iglesia defiende lo que a sus integrantes les parece correcto. Por mucho que yo esté a favor del matrimonio homosexual tengo la suficiente integridad y honestidad intelectual como para no confundirlo con el “interés público”, es solo mi opinión de lo que le viene bien a la sociedad y, por tanto, un interés privado. Tan privado, y tan legítimo, como los de quienes opinan que lo mejor para la sociedad es que el matrimonio homosexual vuelva a salir de la legalidad. El hecho de que tú y yo creamos que tenemos razón no quiere decir que defendamos el interés público, o que lo defendamos más que quien, honestamente, cree lo contrario. Por eso hay que tener muchísimo cuidado antes de envolverse uno en esa capa que todos los demagogos y populistas se ponen a la primera ocasión.

Dicho esto, hay que aclarar alguna cosa sobre los lobbys, porque por lo que veo la gente (o sea, la Wikipedia) equipara “la patronal” (o las ONG’s ya que estamos) a “los lobbies”, lo que es de ser un demagogo de no tener ni idea.

En primer lugar, los creadores de opinión no son lobbies. Una ONG que intenta cambiar la opinión de la sociedad sobre un tema específico (como, por ejemplo, su actitud ante la homosexualidad o ante el ecologismo) no es un lobby. Un lobby (del ingles lob, vestíbulo) es un grupo de interés particular que intenta defender ese interés a través de la influencia directa sobre los legisladores y/o los gobernantes, o lo que en España se ha llamado de toda la vida “hacer pasillo”. Intentar convencer a la gente de que vote a partidos con agendas ecologistas, o que defiendan leyes no discriminatorias hacia los homosexuales, no es hacer lobbying, es otra cosa llamada hacer política. Intentar convencer a directamente a los parlamentarios para que propongan o aprueben una ley de esas características en vez de a sus electores, eso es hacer lobbying. Desde ese punto de vista la patronal, como tal, no es un lobby en estado puro (como los sindicatos tampoco lo son).

Pero es que además cierto tipo de progre, o juega con los números, o no entiende con claridad como funciona un lobby, o es incapaz de ver las cosas desde un punto de vista que no sea el de la lucha de clases. Por ejemplo, The Guardian cuenta que “en los primeros diez meses del nuevo Gobierno británico se mantuvieron 1.537 encuentros con los representantes empresariales organizados en lobbies, mientras sólo hubo 130 con los sindicatos”. Lo que probablemente sea rigurosamente cierto, pero ¿qué tiene de raro?

Los sindicatos lo que intentan es defender lo que perciben como los intereses de los trabajadores. Eso es todo lo que hacen. Pero los representantes empresariales no. De hecho ese es el menor de sus intereses. Los lobbies industriales para lo que están ahí es para hacer negocio, para atraer inversiones públicas a éste o aquel Estado, para conseguir que la ley diga esto o aquello. Yo, por ejemplo, estoy muy vinculado últimamente al lobby de la energía eólica, que intenta influir sobre los legisladores y gobernantes para que se aprueben medidas que impulsen esta energía en particular y que se enfrenta directamente al lobby de las solares, que intenta arrimar el ascua a su sardina. A su vez, solares y eólicas (y algunos más) luchamos codo con codo en el lobby de las renovables, intentando conseguir políticas que apoyen este tipo de energías, y tenemos enfrente a las hidroeléctricas,y las nucleares, por ejemplo, con las que a su vez luchamos por la energía eléctrica frente a las apuestas por los combustibles fósiles, que también tienen sus lobbies. No tiene nada de raro que la mayor parte de las reuniones con lobbyists sean con empresarios, eso es simplemente porque la inmensa mayor parte de la actividad económica la hacen los empresarios. Pero no en su función de contratadores,que es a estos efectos completamente secundaria, sino en la de hombres de negocios que intentan expandir todo lo posible sus mercados. Insisto, no tiene nada de raro. ¿Por qué esa manía de creer que cada vez que un empresario abre la boca es para quitarle a un trabajador el pan de la suya? ¡Si es que así no se gana dinero!

En fin. Dicho esto solo me queda comentar que yo, personalmente, estoy a favor de la regulación de los lobbies. Porque, guste o no guste, son una realidad, y siempre es mejor tener una normativa que regule las canalizaciones subterráneas de deshechos urbanos que ignorar lo que está pasando hasta que acabas con la mierda al cuello. En mi opinión, claro.

Saludos,

Arthegarn.

Reinventando la rueda

Lo he dicho alguna vez y lo volveré a decir: el sistema asambleario que está intentando utilizar el movimiento 15-M no sirve. Desde el punto de vista organizativo tienen dos opciones: (i) adoptar un sistema de mayoritario y de representación, frente al consensual y horizontal que tienen ahora mismo, o (ii) desaparecer a corto plazo.

Una cosa que sorprende a muchísima gente cuando me lee y me conoce es que yo sea "tan conservador". En realidad yo no creo que sea conservador, eso es lo que otros dicen de mi. Yo me considero reformista y progresista(1). Ahora bien, sí que es cierto que, por defecto, respeto las normas e instituciones establecidas. Mi primera reacción es siempre pensar "si está ahí, por algo será" y no "vamos a ver como cambio esto". Tiendo a analizar los pros y los contras de aquello que me encuentro, y los pros y los contras de los cambios que podría introducir para hacer una valoración global no solo de lo que podría ganar cambiando las cosas, sino de lo que ese cambio implicaría en términos de pérdida directa y coste de oportunidad. No apoyo las reformas del sistema sin pensar detenidamente en sus consecuencias, no soy de los que dicen "lo que tenemos no nos da lo que queremos, luego es malo, luego no sirve y hay que cambiarlo(2)". Si algo me demuestra que no funciona busco como mejorarlo, por supuesto (y si funciona también, por eso me considero progresista), y si encuentro una solución que mejora el rendimiento global de lo que sea, intento implementarla. Pero tengo que convencerme de que eso es así, mi actitud natural sí que es "si algo está ahí, y funciona, por algo será". ¿Y por qué? os preguntaréis ¿por qué piensas, por defecto, que las instituciones establecidas funcionan, que son mejores que que esta nueva y maravillosa idea que se me ha ocurrido, cuando ya has visto las limitaciones de lo que hay y mi idea no ha tenido una oportunidad?. Pues, aunque no lo creáis, porque soy un firme creyente en la evolución por selección natural(3).

A estas alturas no me voy a poner a explicar lo que es la evolución por selección natural (aunque en realidad es sorprendente la cantidad de gente que tiene una idea errónea al respecto), baste con decir que lo que es aplicable a la biología, en términos de competición genes a través de sus fenotipos y  supervivencia del más apto, es aplicable a los fenotipos extendidos: las ideas, la tecnología, el conocimiento, la estructura social y, en efecto, la estructura política y organizativa. La democracia representativa que, con ciertas diferencias (y diversos grados de hipocresía), disfrutamos en el mundo occidental es, para mi, la "especie dominante" en el universo de la organización política. Es el mejor producto que miles de años de evolución y cambio han podido dar, es la superviviente mejor adaptada a las necesidades cambiantes de las sociedades, de la gente. No es perfecta, desde luego, como el ser humano tampoco lo es, pero eso no implica que no merezca la pena estudiarla a fondo antes de desecharla, preguntarnos por qué está configurada así y a qué necesidades responde, que problemas evita, cada una de sus partes. Esos representantes, esa carencia de mandato imperativo, esa constante delegación de facultades que aleja las decisiones del Pueblo y que a primera vista parecen una pésima idea puede que estén ahí por algo(4).

Y esto es algo que el movimiento 15-M creo que no hace, sea consciente o inconscientemente. Han decidido romper con todo y empezar una nueva sociedad desde cero; han mirado a su alrededor, han visto que no les gusta lo que ven y han decidio cambiarlo. Así que se han preguntado "¿cómo nos gustaría que fueran las cosas?" y han decidido construir su sociedad, y articular su movimiento, de acuerdo a esos ideales y objetivos. Una coherencia que aplaudo, por cierto, pero que me parece muy poco práctica y que, como la selección natural no permite errores, creo que les va a salir muy cara.

Como supongo que todos sabréis, el movimiento 15-M se ha "estructurado" (por decirlo de alguna forma) de una forma asamblearia y horizontal. Desde el principio, la teoría era que las decisiones comunes se tomarían por la totalidad del colectivo, y que además los temas se debatirían hasta que se lograra el consenso. La mayoría no podría, pues,  imponer a la minoría sus tesis e ideas por pura aritmética: la minoría tendría que ser convencida a través del diálogo, la argumentación y la razón, hasta que se llegara a un consenso, es decir: una postura con la que todo el mundo esté de acuerdo. Consenso que, por supuesto, no necesita de aprobación posterior ya que, si toda la comunidad ha discutido hasta estar de acuerdo, ¿quién va a "aprobar" lo que ya han consensuado todos? Consenso, por último, que no está escrito en piedra, sino que puede replantearse según fuera necesario o conveniente, según la comunidad cambie de idea o para ir mejorando el sistema interno. Todo, aparentemente, muy lógico, razonado, racional, directo, participativo y legítimo. De hecho, aparentemente no, es todas esas cosas y alguna más. Lo que no es, es práctico.

Lo primero que las asambleas de Sol tuvieron que abandonar fue el procedimiento de revisión. ¿Por qué? Porque, aunque todo lo que hemos dicho es muy sensato, el hecho es que cuando una comunidad es suficientemente grande, o crece suficientemente deprisa, no todas las decisiones se toman siempre con quorum universal, no siempre todo el mundo está presente en todas las discusiones y es convencido y forma parte de ese consenso. Así que se daba la circunstancia de que la comisión de filibusterismo virtual se reunía el martes, debatía durante horas la definición de "filibusterismo" hasta que se alcanzaba un consenso, se iban a casa cansados pero satisfechos, y el miércoles aparecían quince que no habían estado el día anterior, que no estaban de acuerdo con esa definición de filibusterismo y, hala, otra vez a debatir. El resultado, por supuesto, es que no se avanzaba nada y que los que participaban en la asamblea de forma regular se frustraban. Así que se abandonó el proceso de revisión y se sustituyó por "eso ya lo discutimos ayer, compañero, y ya hubo consenso" o "ya se decidió que la definición era X". En ese momento el famoso consenso asambleario dejó de ser real y pasó a ser una fachada. No se podía funcionar con auténtico consenso, con toda la comunidad convencida de la postura común porque entonces no se hacía nada, pero tampoco iban a admitirlo. Así que las asambleas en dos de los vicios que más critican al sistema: su hipocresçia y su falta de capacidad para integrar a las minorías. Pero sigamos.

En el momento de redactar estas líneas, el 15-M está en vías de abandonar el procedimiento consensual, es decir las decisiones por unanimidad, y sustituirlo por el mayoritario. ¿Por qué? Porque han crecido demasiado. El sistema consensual está muy bien para un grupo pequeño, incluso para un grupo mediano de, digamos, diez o quince personas(5) en el que se pede conducir un debate serio, razonado y argumentado capaz.de convencera alguien. Lo que La unanimidad es dificil, como demostro Jack Warden. Solo que el tenia mas razon que los Quechuas...pasa es que en el momento en el que tienes un grupo de cien personas, darle a cada uno un minuto para exponer su tesis inicial es una hora y media, darle otro minuto para explicar por qué su tesis es mejor que las demás es otra hora y media, y conceder un primer turno de réplica es otra hora y media. ¿Conclusión? Cuatro horas y media de "debate" (si podemos llamar debate a hablar un minuto cada vez para responder a ochenta ideas distintas a la tuya) para no haber hecho más que exponer superficialmente el tema, apenas haber empezado a debatir, y estar a años luz de alcanzar del consenso. Multipliquemos esto por el número de temas a discutir y veremos como las discusiones se eternizan sin llegar a acuerdos. Seguir ese sistema es caer de lleno en otro de los aspectos que el 15-M critica al sistema: su inoperancia. Y quizá los asamblearios prefirieran mantener el sistema consensual como punto ideológico, aunque las decisiones sean tan lentas. El problema es que, pro selección natural, los sistemas operativos, capaces de tomar decisiones rápidas y actuar aprovechando las oportunidades tienen ventaja sobre los que se eternizan discutiendo y no las aprovechan; ergo los sistemas mayoritarios prevalecen sobre los consensuales. Si no decides deprisa, alguien aparecerá, tomará la decisión y se llevará tu apoyo. En cualquier caso, esto ya se está haciendo en las asambleas de barrio (al menos en la mía, la de Retiro).

Además, el sistema consensual es vulnerable al "virus del enroque" a saber: "me da igual lo que digáis, yo he decidido esto y no voy a cambiar de opinión", que bloquea definitivamente toda toma de decisión. El movimiento 15-M ha experimentado esto en sus carnes a lo largo de los pasados diez días, cuando la cada vez más inmensa mayoría de los acampados en Sol quería levantar en campamento, pero se enfrentaban a un grupo de treinta o cuarenta enrocados que evitaban el consenso. Afortunadamente el movimiento fue suficientemente capaz de adaptarse como para, manteniendo una semblanza de consenso, imponer de facto la voluntad de la mayoría (en otras palabras, se llegó al consenso de "cada uno que haga lo que le de la gana" lo que deja solos en Sol a esos 30)(6). Pero esa apariencia de consenso no puede mantenerse, porque eterniza los debates y los hace vulnerables al enroque, así que es de esperar que próximamente el 15-M abandone la estrategia del consenso y pase a la de la mayoría, reafirmando el "vicio" que habrán adquirido en el punto anterior. ¿La alternativa? Discusiones eternas, falta de decisiones comunes, pérdida de interés por la mayoría, fragmentación y desaparición, por ese orden. Pero no cometerán ese error, aunque les cueste una crisis y perder algo de gente.

Lo siguiente que tendrá que abandonar el 15-M será el sistema asambleario, es decir, la participación directa. Una vez más, la participación directa es ideal para un grupo muy recucido de personas que, además, viven cerca las unas de las otras. Pero si el 15-M verdaderamente espera a convertirse en un auténtico movimiento nacional, y no una confederación de taifas desorganizadas, el sistema asambleario es inviable. Simplemente no se puede convocar todas las tardes a las ocho a todos los miembros del movimiento para que participen en la asamblea porque hay gente que vive en Lugo, gente que vive en Cádiz, gente que vive en Granollers y hasta gente que vive en Canarias. Una asamblea nacional es imposible. Oh, sí, claro, me olvidaba: internet. Puede que no se puedan hacer asambleas presenciales, pero sí que podemos hacerlas virtuales,¿no? Pues no. Imaginad a mil personas (es decir, lo normal en una asamblea de Sol un poco grande) intentando debatir todos en Twitter. O en un chat, o en lo que queráis. Una vez más los debates, si es que se pudieran llamar debates (hoy mismo yo he intentado seguir y participar en #debate15M y es un auténtico infierno, ideas fragmentarias, 190 caracteres para exponer argumentaciones complejas, Trolls y Pinkpollos por todas partes, etc.) se eternizarían y serían,a demás, imposibles de seguir. ¿Por qué? Porque se paralelizan, se atomizan, se desvían. Con un moderador con mano de hierro quizá, y digo quizá, fuera técnicamente posible, pero el tiempo necesario para escuchar a todo el que quisiera hablar, argumentar y rebatir haría, una vez más, que los debates se eternizaran sin tomarse decisiones. No os digo nada si en vez de mil personas son diez mil. La complejidad de la comunicación aumenta geométricamente, no de forma aritmética, por lo que dado un número equis de participantes (en realidad muy inferior a mil) es simplemente imposible percibir toda la información y seguir todas las líneas de debate, no digamos ya argumentar. Si el 15-M quiere ser capaz de tomar decisiones a nivel nacional tiene que articular un sistema a través del cual todos tengan voz y voto, aunque limitando el número de personas que participan en el denate. Todos sabemos cual ese ese sistema: el representativo. Así pues, pueden pasar dos cosas: o el 15-M adopta un sistema representativo a nivel nacional, en el que cada grupo o asamblea de barrio o facción o lo que sea elige un representante, y son los representantes los que toman directamente parte en los debates, o colapsará sobre si mismo. Y cuando lo hagan, habrán caído en otro de los vicios que critican al sistema: la diferencia entre representantes, con voz, y representados, sin ella. Esto, por supuesto, provocará una crisis y que parte de los que se identifiquen con el movimiento dejen de hacerlo, a parte de los que se vayan quedando por el camino al ver que esto no avanza y no se concreta en nada.</span>


Una vez establecido el sistema representativo es de suponer que se intente, al menos desde algunos grupos, minimizar la distancia entre representante y representado a través del mandato imperativo(7).El problema es que una asamblea de representantes ligados por mandato imperativo es un diálogo de besugos. Se levanta uno, expone la opinión de su grupo; se levanta otro, expone la opinión del suyo, quizá haya debate... Pero como los representantes por mandato imperativo no pueden tomar decisiones independientes no tienen derecho a llegar a un acuerdo, a comprometer la posición que se han comprometido a representar. Deben volver a la asamblea que les eligió, exponer los argumentos de los demás, debatirlos en la asamblea, decidir una nueva posición (en su caso) y luego trasladarla a la nueva asamble a de representantes, a ver si se llega a un acuerdo esta vez. Una vez más, la estructura formal es tan rígida que no permite aprovechar las oportunidades que van surgiendo, o al menos no tan deprisa como las organizaciones regidas por representantes con mandato representativo, que sí que pueden llegar a acuerdos entre representantes, ahorrándose varios pasos de discusión. Así pues, una de dos: o el mandato de los representantes de cada grupo o facción del 15-M es representativo, o las decisiones se tomarán tan despacio que el movimiento perderá impulso, la mayoría perderá interés, y acabará disolviéndose en la nada mientras esquejes del 15-M con mandatos representativos más ágiles se quedan con los desilusionados. Y así el 15-M caerá en otro de los vicios que critica al sistema: que los representantes tomen decisiones por si mismos en vez de consultar cada paso con el Pueblo, lo que provocará otra crisis, a parte de los que se hayan ido quedando por el camino por lo despacio que se toman las decisiones.

Esta división entre representantes(8) y representados terminará, definitivamente, con la horizontalidad, ya que nos encontraremos necesariamente en estos dos niveles. Esto será un trauma para el movimiento 15-M que, no me cabe duda, tratará de tapar o negar la pérdida de horizontalidad de diversos medios. Por ejemplo, quizá los representantes de reunan simplemente en una "asamblea de coordinación" o algo así, pero sea el nombre que se le de al cuerpo de representantes, el hecho es que ejercerán el poder de forma directa, mientras que los representados lo ejercerán de forma indirecta a través de ellos, el hecho es que se tomarán decisiones en esas reuniones que luego serán explicadas a los representados, no sometidas a su aprobación. Para ser exactos esto no tiene que ser así, pero una vez más si el 15-M toma el otro camino, el de someter a referendum todas las decisiones de tal forma que el poder siga siendo ejercido de forma directa por los miembros del mismo; harán falta de dos a tres reuniones para tomar una decisión, con el efecto ya anteriormente descrito. Y, en cualquier caso, no nos engañemos: en el momento en el que los representantes presentan a los representados un documento elaborado entre ellos para que los otros digan "sí" o "no" nos hallamos ante dos niveles claros: el de los que hacen las normas y toman las decisiones, y el de los que las ratifican y participan en su redacción solo de forma indirecta.

A estas alturas habrán muerto el consenso, el asamblearismo, la participación directa y la horizontalidad. La aparición de la figura del líder ejecutivo(9), elegido democráticamente y durante un plazo para que dirija y represente el movimiento, estará al caer, al igual que la estructura territorial (es decir, la división en barrios que eligen un representante para la asamblea municipal, provincial, etc.). Nos encontVen conmigo. Es el unico camino...raremos entonces con un movimiento estructurado, democrático, serio y capaz de tomar decisiones, hacer presión y movlizar gente en toda España en relativamente poco tiempo... si es que no se tarda demasiado y se pierde todo el fuelle, claro.

Insisto en que estas predicciones que hago, esta forma de terminar el 15-M, no es inevitable. Puede terminar así... o ir perdiendo fuelle hasta desaparecer (lo que probablemente sucedería a finales de este año, con un repunte para el primer aniversario y una desaparición casi definitiva en septiembre de 2012). O, tal y como nos enseña la Teoría General de Sistemas, puede desarrollar estructuras informales para suplir las carencias que tiene. Por ejemplo, el movimiento 15-M (que es una cosa) ya está cubriendo su falta de líderes, representantes y portavoces propios a través de Democracia Real Ya (que es otra cosa). Puede que el 15-M se identifique con DRY, pero son cosas distintas y, aunque han asumido esa función de liderazgo y representatividad, curiosamente, como al Rey, a esos no les ha votado nadie. La propia estrategia que se usó anteayer para imponer la voluntad de la mayoría sobre la de los Quechúas no fue más que una estructura informal, que puentea la estructura formal que no funciona (y que, eventualmente, será integrada por la estructura formal).

Todo esto lo digo no bailando jotas ni para demostrar lo buen brujo que soy, sino porque me da rabia que el 15-M, en su afán de romper con el sistema y el pasado, esté ignorando todas las lecciones que hemos aprendido de la historia respecto a la forma de articular un movimiento ciudadano a nivel nacional, y las razones porque esa forma de hacerlo, es decir a través de representantes electos democráticamente que toman decisiones por mayoría y no están ligados por mandato imperativo, sin ser perfecto, teniendo sus fallos y muchísimo que mejorar, sigue siendo el que mejor funciona(10). Por ignorar estas lecciones los miembros del 15-M tendrán que sufrir en sus propias carnes todos los batacazos que se producen cuando diseñas un sistema y este no funciona, batacazos que serían fácilmente evitables si se dejara de mirar tanto hacia alante y se mirara un poco hacia atrás. Pero, como todos sabemos, quien ignora su historia está condenado a repetirla...

Salud y evolución... por selección natural

Arthegarn___________
(1) Eso sí, progresista de verdad, es decir, tendente a favorecer los cambios que traen progreso. Ni "progre", ni revolucionario, ni "con política económico-social de izquierdas". Sigo diciendo que uno de los grandes éxitos de mercadotecnia de la izquierda en este país ha sido apoderarse de la palabra "progresista", máxime cuando (ironías de la vida) históricamente en España los progresistas eran los liberales.
(2) "Y hay que cambiarlo por lo que sea", más bien.
(3) Argumento que le sonará al ínclito Sir Accolon, a quien en la acampada de Sol le llegaron a decir que la evoluciómn por selección natural era "una mentira fascista y capitalista destinada a ocultar el hecho de que en la naturaleza las especies coexisten en paz y conviven en armonia y asi poder justificar su agresividad y su violencia"  (sic.)
(4) Con esto no quiero decir que el sistema democrático representativo actual sea perfecto, ni la panacea, ni inmejorable, ni nada semejante. Lo que intento decir es que es lo mejor que existe ahora mismo, aunque tiene que seguir cambiando y evolucionando al igual que el ser humano es imprefecto y tiene que seguir cambiand y evolucionando, Lo que quiero decir es que, aunque no sea perfecto, podemos aprender valiosísimas lecciones si analizamos cada una de sus partes y nos preguntamos exactamente por qué están aquí, lecciones que nos pueden evitar cometer errores cuando juguemos a ser Dios y diseñemos nuestro propio y mejorado ser humano, permítaseme la metáfora.
(5) Estoy hablando de personas activas en el debate y que sean parte en la negociación, por supuesto. Hablo de personas que mantienen opiniones distintas y argumentos distintos a los de todos los demás, es decir, indivíduos en el sentido más puro de la palabra. Mil personas que asienten a lo que dice un líder cuentan a estos efectos como una persona, tres que debaten y mil que callan cuentan a estos efectos como tres.
(6) De hecho, y en un movimiento envolvente que demuestra lo lista que es alguna de la gente que anda por ahí, le dieron la vuelta a la tortilla diciendo que en la siguiente asamblea se escucharían propuestas sobre como proseguir la acampada y que, si no se llegaba a consenso sobre como proseguir la acampada, que se quedara quien quisiera, pero a título personal y sin represntar al 15-M. Así que ayer los Quechuas, como les llama Sir Accolon e encontraron con que en la asamblea les iban a desautorizar y, básicamente, a dejar sin apoyo y mandar a casa. Que curiosa coincidencia que justo la asamblea de ayer no pudiera llevarse a cabo porque espontáneamente se fueron todos a dar voces al Congreso...
(7) Para quien no conozca la diferencia, el mandato imperativo es aquel por el que el representante está olbigado a trasladar exactamente la opinión de su representado, sin capacidad para negociar ni tomar decisiones propias, frente al mandato representativo, en el que el representado confía en el representante para que defienda sus intereses con su propia iniciativa y sus propias decisiones.
(8) Ligados a sus representados por mandato representativo.
(9) Sea este líder una persona o un grupo de personas: comité ejecutivo, comité central...
(10) Estoy hablando, por supuesto, de la idea base, de la estructura básica, no de la materialización que esa idea base tiene en el sistema español, que insisto en que es espantoso y digno de una democracia vigilada tipo Turquía. La misma idea básica es la que tienen los estadounidenses, los ingleses, los alemanes y los suecos, solo que su forma de llevarla a la práctica es verdaderamente democrática, responsable y... liberal.

Un liberal en la asamblea revolucionaria, popular y autogestionada de Sol y ni rastro del Rey Arturo

Cualquiera que leyera mi último artículo, Un Brindis por Sol, pensaría que en España el Pueblo, no una facción ideológica, sino el Pueblo, se estaba finalmente moviendo para alcanzar, entre todos, un nuevo acuerdo, más justo, directo y representativo, que reformara el sistema y la democracia. Por desgracia, nada podría estar más lejos de la realidad.

El jueves pasado, poco después de escribir ese artículo, pasé por casa, me cambié y me fui a Sol a ver en qué podía ayudar. Mi sorpresa fue grande al encontrarme que todos los carteles con soflamas izquierdistas, anarquistas y anticapitalistas que adornaban el campamento en mi última visita seguían allí... y que se habían reproducido. Me sorprendió porque, dado el carácter apartidista de los Cuatro Puntos(1), esperaba que el campamento se hubiera contagiado de la nueva ola de sentido común. Mi sentido arácnido empezó a zumbar, pero lo tranquilicé razonando que, al fin y al cabo, todo el mundo tiene derecho a la libertad de expresión, que era lógico pensar que muchos de los individuos de la acampada siguieran manteniendo sus ideas y p¡Y UN CUERNO!or tanto expresándolas y que ,incluso si no fuera así, quizá retirar todo aquello planteara más problemas de los que yo pensaba. Así que me di una vuelta para olfatear el ambiente, que olía a amapola, óxido, sangre y rubí: todo diverso pero todo rojo. Mosqueado, pero no desanimado, me acerqué al punto de información.

Allí pregunté directamente de qué iba todo esto y qué era lo que se quería conseguir. Tres personas distintas hablaron conmigo, pasándose la patata caliente los unos a los otros, pero sin concretar lo que yo quería. Uno me explicó el origen (básicamente económico) de la “indignación” de los "indignados" y me remitió al manifiesto original de Democracia Real Ya (y me dio una copia en papel); otro me habló vagamente de que era un movimiento popular y asambleario (fue la primera vez que oí la palabra “asambleario”, pero no sería la última) que intentaba hacer un mundo más justo en el que las personas no fueran tratadas en función del dinero que tenían, etc., todo ello regado con palabras como “popular”, “igualitario” y “garantizar”; el tercero ya resultó más concreto y me estuvo contando diversas medidas de los 38 puntos del segundo manifiesto(2) de Democracia Real Ya. Cuando le comenté que esas propuestas ya las conocía, pero que era mi entendimiento que se había dado “marcha atrás” al respecto y que se había recortado a los Cuatro Puntos me contestó que eso no podía ser así: “es posible que alguna de las asambleas haya dicho que para hacer algunos de los cambios que queremos haya que contar con gente de fuera del movimiento y que para eso haya que decir cosas en las que estemos de acuerdo con ellos o ellos con nosotros, pero eso no es que demos marcha atrás: lo que queremos es esto, y ni un paso atrás.”

Fue un bofetón a mis esperanzas, pero no cejé. Pensé que, al fin y al cabo, yo también quería conseguir más cosas que las que figuran en los Cuatro Puntos, así que lo verdaderamente importante no era lo que el 15-M o la gente que lo componía quería obtener además de desarrollar los Cuatro Puntos, sino el hecho de que querían, al menos en parte, lo mismo que yo, y que podríamos trabajar juntos para conseguir ese subconjunto intersección. En un momento comenté que era abogado y acabé, sin entender muy bien por qué, en la Comisión de Legal(3). Allí intenté hablar de leguleyo a leguleyo, esperando obtener respuestas más exactas y menos grandilocuentes a mis problemas, pero lo único que saqué en claro era que los Cuatro Puntos no eran, como yo pensaba, un consenso de mínimos: eran una propuesta de trabajo que había salido de una de las comisiones asambleas, la de Política a Corto Plazo, pero que tenía que ser refrendada por la Asamblea General (“y, entre nosotros, ni de coña, vamos, menudos vendidos”). Segundo bofetón a mis ilusiones, y nuevo recordatorio de aquello que digo yo siempre de “nunca creas que el deseo de informar de un periodista supera a su deseo de vender periódicos” (si uno lee cuidadosamente el artículo de El Mundo, por ejemplo, o el de El País se da cuenta de que en realidad no había tal consenso de mínimos, pero el titular vendía más así…).

Aun así, saqué otra cosa en claro: la gente con la que yo quería hablar, los que tenían (en mi humilde opinión) el sentido común y la visión política suficiente como para que del 15-M pudieran salir los cambios de sistema que España necesita tan desesperadamente, eran los de la Asamblea de Política a Corto Plazo. Me acerqué de nuevo a Información donde vi que se reunían en Cortylandia, pero me avisaron de que hoy precisamente no se reunían. No obstante vi que en cinco minutos empezaba la Asamblea de Política a Largo Plazo en la cercana plaza de Pontejos, así que me lié la manta a la cabeza y me acerqué allá, como siempre a escuchar lo que se decía y, esta vez, a participar con mis opiniones.

Quitando otro tipo vestido de negro debía ser el mayor de los cuarenta allí reunidos. Con media hora de retraso o algo así el compañero de las rastas que creo que se llama Arturo(4) tomó el altavoz y nos estuvo explicando las normas de la asamblea, al tiempo que pedía voluntarios para tomar acta, llevar cuenta de los turnos de palabra, etc. Como nadie se ofrecía para nada me pudo la educación católica aquella de la que hablaba Vieja Bruja cierta vez y me ofrecí a levantar acta para romper el hielo (y funcionó, en seguida salieron todos los demás). Esto lo digo porque ahora, cuando comente lo que se discutió en esa asamblea, quiero dejar claro que no es solo que anduviera yo por allí mirando el facebook y poniendo la oreja de vez en cuando, estaba levantando acta y prestando toda mi atención a lo que se decía. Así que, aquellos de vosotros que seáis moderados y leáis estos artículos para tener información de primera mano(5), agarraos, que vienen curvas.

Lo primero que voy a hacer es transcribir el orden del día de, insisto, la asamblea de Política a Largo Plazo (en adelante, “PLP”) (que yo, en mi ignorancia suponía que trataría de objetivos a largo plazo y líneas orientadoras, pero no):


  1. Okupación(6) de viviendas vacías.

  2. Expropiación de bienes inmuebles y posterior socialización.

  3. Federación de consejos municipales.

  4. Autogestión de todas las empresas y asambleas en los centros de trabajo.

Este orden del día, como comprenderéis, hizo que se me cayera el alma a los pies. Si hasta ahora mis conversaciones en la acampada habían sido desilusionantes, este orden del día me demostraba más allá de toda duda que el sentido común y el realismo brillaban por su ausencia en el movimiento 15-M (en otras palabras, que cuando asomaban la nariz se les veía muchísimo). Pero lo peor estaba por llegar.

Antes de empezar a tratar el orden del día se discutieron una serie de cuestiones preliminares (lectura del acta anterior, etc.), la principal de las cuales fue, precisamente, los Cuatro Puntos. Me gustaría tener el acta que levanté, que fue muy exacta y recogía cada intervención y, en ciertos casos, frases exactas, pero dejé allí el original y tengo que confiar en mi memoria… Las primeras intervenciones fueron todas tanto de enfado como de absoluta repulsa. Enfado por la repercusión mediática que habían tenido, enfado porque “la gente se va a creer que esto es lo que no es”, enfado porque sepercibía una diferencia de trato entre Política a Corto Plazo y Política a Largo Plazo, cristalizado (entre otros) en el hecho de que las actas de PLP no subían a la web ni tenían esa repercusión. Repulsa porque esos cuatro puntos “no es que sean descafeinados, es que no dicen nada”, porque no reflejaban los objetivos ni la voluntad ni el espíritu del movimiento 15-M, porque eran “contrarrevolucionarios” (sic.), porque legitimaban “a los políticos frente a las asambleas populares”, etc. Al poco de empezar el debate pedí la palabra, y a medida que avanzaba el debate me iba quedando claro, EN REALIDAD , qué es y qué quiere la gente de la acampada de Sol.


En primer lugar reclaman la instauración del régimen asambleario: una autoridad (por decirlo de alguna manera) alternativa al Estado basada en las asambleas. Ojo que digo “alternativa”, no “suplementaria”. Algunos proponían la legitimidad asamblearia como complementaria de la del Estado, pero la mayoría opina que la única legitimidad es la asamblearia. El Estado es, pues, ilegítimo, y debe ser sustituido por el régimen asambleario.

El régimen asambleario, a su vez, tiene las características básicas de horizontalidad y soberanía. La horizontalidad quiere decir que se elimina la distinción entre gobernante y gobernado; la soberanía, consecuencia directa de la horizontalidad, quiere decir al mismo tiempo que (i) las decisiones de una asamblea no pueden ser revisadas o revocadas por cualquier tipo de órgano y (ii) cada asamblea particular no está vinculada por nada que rechace. Esto puede parecer un poco confuso así que trataré de explicarme: el régimen asambleario horizontal no permite la existencia de una estructura vertical de revisión y convalidación en el que, por ejemplo, las decisiones los consensos de la asamblea de PLP tengan que ser refrendados por la Asamblea General de la acampada. Ahora bien. Eso no quiere decir que los consensos estén escritos en piedra una vez tomados, por supuesto: una asamblea puede revisar los consensos de una asamblea anterior y cambiar de idea, lo que quiere decir es que no hay una estructura horizontal de tipo convencional, todo el poder está en la base.

Esta horizontalidad termina, obviamente, con el sistema representativo. Son los ciudadanos quienes toman todas las decisiones de forma directa en vez de elegir un representante que decide por ellos. En otras palabras: se trata de eliminar el sistema democrático tal y como lo conocemos en implantar otro básicamente plebiscitario en el que no existe la diferenciación entre gobernante y gobernado y en el que, precisamente por eso, no es necesaria la división de poderes (fundamentalmente porque los “poderes” no existen: la única legitimidad y autoridad emana de la asamblea).

El otro gran punto es la superación del capitalismo. No se habló tanto de esto como del régimen asambleario, pero la idea es la socialización de los medios de producción para cubrir las necesidades básicas, así como de cualquier otro bien ya existente pero distinto de un medio de producción (vivienda, etc.) necesario para cubrir esas necesidades básicas. Estas socializaciones se decidirían y llevarían a cabo en y por las asambleas, que además gestionarían los centros de trabajo y toda actividad productiva, económica y comercial.

No voy a dar mi opinión sobre estas ideas, al menos no aquí. Pero creo que es importante que es importante, por no decir imprescindible, que el ciudadano de a pie sepa de verdad de qué se habla en la Acampada de Sol y de verdad cuáles son sus objetivos. Muchos puede que creáis que es difícil de creer, algunos incluso estuvisteis en las manifestaciones de bárbaros de los días 19, 20 y 21 defendiendo un voto responsable y/o un cambio de la Ley Orgánica de Régimen Electoral General y/o del modelo de Estado, penséis que “habéis estado allí” y que “sabéis de qué va esto”. No pienso discutir, me voy a limitar a remitiros a las actas de las asambleas, no solo de PLP sino también de Corto Plazo (los “sensatos” que propusieron los Cuatro Puntos), para que leáis, en sus propias palabras, qué se discute y aprueba en Sol. Y, dicho esto, vuelvo al relato.

A pesar de que a la vista de lo que se estaba hablando era totalmente inútil y de haberme dado cuenta de que había estado radicalmente equivocado respecto a lo que se intentaba en Sol, cuando llegó mi turno de palabra traté de defender los Cuatro Puntos. Dije que yo estaba aquí por ellos, que sin ellos no estaría hablando en aquella asamblea así que algo bueno tenían, que tener; dije que tenían la virtud de aunar los esfuerzos de mucha gente, que cambiar el sistema era muy difícil y que se necesitaba el apoyo de muchísima gente, que era necesario buscar algo en lo que todos, izquierdas, derechas, reformistas, revolucionarios y conservadores, pudiéramos estar de acuerdo; dije que uno de mis defectos es que yo era muy práctico y que, si bien veía posible, aunque no fácil, cambiar el sistema democrático para convertirlo en uno más justo, cuanto más coyunturales y específicas fueran las metas que se fijaran menos apoyo tendrían y que opinaba que era mucho mejor conseguir los Cuatro Puntos, aunque fueran relativamente modestos(6), que querer un cambio radical y no obtener absolutamente nada; que podíamos avanzar todos juntos o quedarnos quietos por separado y que los Cuatro Puntos ofrecían avance y unidad… Y me quedé solo, claro.

Citando del acta de esa asamblea tal y como está en tomalaplaza.net (y que no recoge mi intervención)


  • CONSENSO: NO APOYO A LOS “CUATRO PUNTOS”

  • CONSENSO: INSTALAR EL RÉGIMEN ASAMBLEARIO, SUPERAR EL CAPITALISMO, FORTALECER LAS ASAMBLEAS POPULARES

No fueron los únicos consensos que se alcanzaron, por supuesto. Por ejemplo, recuerdo que se decidió que el medio asambleario era un fin en si mismo, algo tan contradictorio como totalitario ¿Dónde quedó Protágoras, dónde Kant, dónde el hombre como medida de todas las cosas, dónde el ser humano como fin en sí mismo? Recuerdo a dos o tres diciendo que lo que se pretende no es cambio, sino revolución total. Recuerdo a una chica diciendo que todas estas cosas ya había un partido que las defendía, Izquierda Anticapitalista(7).

Recuerdo también que en un momento determinado determinado alguien comentó que la diferencia entre PLP y PLC no era en realidad el plazo, sino el calado de las propuestas que iban a salir de cada asamblea. En ese momento pensé “bueno, a lo mejor lo que pasa es que me he metido en la asamblea de los sonaos, la verdad es que no me extraña que no os suban las actas a la página porque hay portadas de Intereconomía de aquí al año que viene”…

En fin, no quisiera alargarme más, porque esto ya me ha quedado lo bastante largo. La discusión del primer punto del orden del día, que vino después, también fue sonada, pero os remito una vez más al acta que, insisto, está en internet. en su propìa página. De hecho, os insto a que, antes de darle al próximo "Me gusta" apoyando el movimiento 15-M o de los indignados o de lo que sea, antes de retwittear la última consigna y antes de echaros a la calle para ir corriendo a la Puerta del Sol o a la Plaza de Cataluña o a donde sea para evitar el desalojo(8), os leáis con cuidado las actas de las asambleas. Para que sepaís, con absoluta certeza, a qué le estáis prestando vuestro apoyo. Y si estáis de acuerdo con lo que proponen, bendito sea vuestro apoyo siempre que se manifieste de forma pacífica, pero que quede constancia de que, en mi humilde opinión:


  • El 15-M no es es un movimiento moderado ni intenta serlo, es un movimiento extremista.

  • El 15-M no es un movimiento reformista que intente cambiar las leyes o la Constitución, es un movimiento revolucionario que intenta edificar un nuevo modelo de sociedad con bases completamente distintas.

  • El 15-M no es un movimiento apartidista, es un movimiento claramente de izquierda y, me atrevería decir, de extrema izquierda.

  • El 15-M no es un movimiento democrático, a menos que se entienda la democracia de forma tan amplia como Alfonso Guerra entendía España cuando dijo aquello de que cuando acabara con ella no la iba a conocer "ni la madre que la parió". Es un movimiento asambleario, plebiscitario, libertario o como lo queráis llamar, pero eso no es democracia; no todo sistema de consenso mayoritario es democracia. La democracia consiste en que el pueblo (demos) elija al gobierno (krátos) y este movimiento lo que intenta es eliminar el gobierno y mezclar todos los poderes. Mucho pueblo, sí, no lo niego, pero cero gobierno.

Y esas es la verdad, o al menos mi opinión con los datos que tengo. Supongo que desilusionará a más de uno, pero es lo que tiene informarse, que desengaña. Ahora, por estas que con cruces que, conmigo, una y no más. Ahora ya sé de qué va esto, al menos hasta que vuelva a ver si sigue igual.

Salud y evolución,

Arthegarn_____________________
(1) Para quien no esté siguiendo toda la serie de artículos: El jueves 23 la prensa publicó que la gente de Sol había llegado a un acuerdo de mínimos, de clara tendencia inclusiva, que eliminaba las propuestas más “izquierdosas” de política socioeconómica y se centraba en la reforma del Sistema. Esas propuestas, a las que me refiero en este artículo como “Los Cuatro Puntos”, eran: (i) reforma electoral encaminada a una democracia más representativa y de proporcionalidad real y con el objetivo adicional de desarrollar mecanismos efectivos de participación ciudadana, (ii) lucha contra la corrupción mediante normas orientadas a una total transparencia política, (iii) separación efectiva de los poderes públicos y (iv) creación de mecanismos de control ciudadano para la exigencia efectiva de responsabilidad política. Cuatro propuestas centradas, inclusivas, que opino que son buenas y que, de haberse mantenido, podrían haber aglutinado en torno a este movimiento a una parte muy, muy importante de los españoles, incluyendo casi sin excepción a todos aquellos que Ortega y Gasset hubiera llamado élite. Por supuesto, no fue así…
(2) Este “segundo manifiesto” en realidad son las “propuestas” de Democracia Real Ya y se publicaron el domingo pasado. Hablé de ellas brevemente en
Porque les necesitamos. Donde sea.
(3) Al parecer, por cierto, al comisión de Legal se enfrenta exactamente al mismo problema que los departamentos legales de las grandes empresas. La gente viene preguntando algo del estilo de “¿qué pasa si hacemos esto?”, Legal contesta algo del estilo de “que os pueden poner una multa” y lo que el que ha preguntado va diciendo es que “Legal ha dicho que no podemos hacerlo”. No, Legal os ha advertido de las consecuencias, pero no ha tomado una decisión, la decisión es vuestra. Como en todas partes, los abogados del 15-M tienen una cierta reputación dentro del movimiento de ser los que le dicen que no a todo y los que le pagan pegas a todo, pero no es así.
(4) Permítaseme la figura retórica, aclarando en aras de la veracidad de la información que creo recordar que no se llamaba Arturo sino Salva. Ahora, las rastas las tenía, y la barba desaliñada y el pañuelo palestino también.
(5) Técnicamente de segunda…
(6) A mi no me parecen modestos en absoluto, por cierto.
(7) En el momento no le di importancia, pero luego Sir Accolon me estuvo contando como está viviendo él el asunto y me lo volvía pensar. Es interesante que le deis una vuelta a la página vosotros mismos: lo que no ha podido hacer IU ni UPyD ni nadie en absoluto lo están haciendo estos.